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  • Lydia Madero Alcantud

Conecta con las sensaciones de tu cuerpo

Las emociones que sentimos en un momento determinado de nuestro día, rabia, tristeza, vergüenza, alegría... así como las sensaciones, si no las hacemos conscientes, pueden pasar factura en nuestro cuerpo físico y enquistarse así a nuestra estructura generando malestar y dolor en distintas zonas del cuerpo.


Una emoción no es más que energía en movimiento. Si no somos capaces de canalizar esa energía en el momento que surge y expresarla así de distintas maneras (como se explica más abajo) esas emociones se somatizan en el cuerpo creando problemas como por ejemplo enfermedades.


Es de vital importancia conocer nuestro cuerpo físico, manías, posturas, conductas... nuestro cuerpo es nuestra casa, es el hogar donde nuestro alma está viviendo en este momento presente.


Ser consciente de las emociones, ser capaz de identificarlas sin dejar que se convierta en un sufrimiento causado por pensamientos repetitivos y destructivos es el gran paso para tu autoconocimiento.


Ser consciente de ellas, identificarlas y soltarlas te dará Libertad además de un paso más en el control de tu mente y conexión con tu ser.


Una emoción surge de forma esporádica, el sufrimiento lo causan tus pensamientos.

El control de tus emociones y con ello de tus pensamientos te abrirá una gran puerta de indagación en tu interior, a tus heridas, a un descubrimiento donde te permitirás abrirte las puertas hacia lo infinito.


A modo meditativo y de trabajo con uno mismo os dejo un ejercicio práctico de Jaume Campos, para mi un referente en cuanto al campo de las emociones, creador del método Deep y autor de libros como: educación emocional, el principio del cambio. 100% recomendado si quieres conocerte un poquito más.

Para entender esto de manera más íntegra antes del ejercicio os dejo un fragmento del libro de Educación Emocional.


Pequeños gestos emocionales

En nuestro día a día repetimos con nuestro cuerpo una serie de actos reflejos inconscientes. Son una especie de sistemas de compensación que nos ayudan a adaptarnos al momento. Pongamos el caso de que no nos gusta estudiar, pero creemos que sin estudios no seremos nadie, que no nos van a querer. El mecanismo para adaptarnos a esta contradicción será quedarnos estudiando, pensando que, cuando terminemos, nos veremos con nuestros amigos, prepararemos una buena comida o nos iremos de fiesta. Buscaremos sistemas de compensación porque asumiremos que lo debemos hacer. Pueden ser acciones hacia el exterior, como irse de fiesta, una excursión, ir al cine, comida, sexo, hacer un regalo, o tics que podríamos definir como personales: morderse las uñas, tocarse el pelo, toser, suspirar, rascarse el cuello o chuparse el dedo como cuando éramos pequeños.


A nivel interno (endógeno), los gestos personales (morderse las uñas, rascarse, tics, tartamudear...) son un punto de referencia para saber cómo estamos, no para eliminarlos.

Y, aunque los exógenos (sexo, comida, bebida, tabaco, drogas...) los disfrutemos más, todos son “muletas” para poder sobrevivir en nuestro entorno. La dependencia de estos sistemas de compensación es proporcional a la necesidad que sentimos de satisfacerlos. Si los observamos, las emociones asociadas nos permitirán entender qué mecanismos inconscientes hemos adoptado para no enfrentarnos a las situaciones que vivimos.


Estos mecanismos los hemos desarrollado no porque no queramos enfrentarnos a ellas, sino más bien porque no tenemos recursos para hacerlo. Si siempre que veo a una determinada persona me entran ganas de estornudar, eso me está mostrando algo que debo aprender de mí mismo. En algunos casos cuesta distinguir lo que es un problema de un sistema de compensación. Con un problema habrá que ver qué lo crea para liberarse de él, cuál es su fondo. Un sistema de compensación no se eliminará hasta que no actuemos de la forma en que realmente deseamos. Por esa razón es tan importante tomar conciencia de la relación que hay entre las emociones y las distintas zonas del cuerpo. Es curioso observar cómo la misma carga emocional, en distintas situaciones, impacta siempre en la misma zona.


Si somos conscientes de esa parte, podemos ayudar a que el cuerpo mejore, por lo menos hasta cierto punto, y en muchos casos se producirá el restablecimiento completo de la salud. Por el contrario, si restablecemos el equilibrio físico y mantenemos el conflicto emocional en nuestro interior sin resolver, con el tiempo volverá a crearse un desequilibrio físico que desembocará en enfermedad.



Ejercicio práctico: conexión con las sensaciones de tu cuerpo.


Colócate en un sitio tranquilo y cómodo en un momento que sepas que no vas a ser molestado.


Cierra los ojos y realiza dos o tres respiraciones amplias y profundas.


Ahora quiero que hagas una recopilación del día que has vivido y elige una situación en la que te hayas sentido incómodo o que te haya generado intranquilidad.


Visualiza el entorno en el que se produjo, si había otras personas visualízalas también y deja que poco a poco tu atención vaya a una parte concreta de la situación, la que tu elijas y obsérvate en ella.

Lleva la atención hacia el momento actual y observa qué zonas de tu cuerpo se alteran.

Mira el mapa de la relación entre las emociones y las zonas del cuerpo que hay más abajo y observa cómo siente tu cuerpo aquella situación, dónde se localizan las tensiones al recordarla.


Ayuda a tu cuerpo a liberar las tensiones, déjalo libre y totalmente relajado y permite que salgan. Si la tensión está en la garganta, expresa lo que necesites, grita si así lo sientes.


Con tu cuerpo relajado vuelve a recrear la situación y puede que te venga algún recuerdo o sensación, incluso de tu niñez. Déjalo salir sin forzar nada y manteniendo un estado de observación frente a la situación.


Existen tres fases para realizarlo:

1. La primera es la relajación, la toma de conciencia y la localización de las zonas físicas donde notamos las sensaciones.

2. En segundo lugar, la liberación de esas sensaciones (emociones o sentimientos) a través de las distintas zonas del cuerpo (bostezos, eructos, temblores, risas y llantos).

3. En tercer lugar, a través de la emoción o el sentimiento nos adentraremos en lo que hay detrás. Podemos ser conscientes de imágenes, sonidos, olores, sensaciones... que nos permiten acceder a aquello que estuvo encerrado en nuestro interior durante muchos años y que nos impedía la apertura de nuestra conciencia.


Puedes realizar este ejercicio diariamente, durante 15 o 20 minutos.

Poco a poco la conciencia de la persona se amplía pudiendo llegar a alcanzar una conexión con el origen del conflicto.

A través de los sentidos, accedemos a la conciencia y, a través de la conciencia, al amor por uno mismo, en la primera fase, y como consecuencia, hacia los demás: la unidad emocional.


Para entender mejor este proceso, pondremos un ejemplo:

Si dos personas están hablando por teléfono y existen interferencias, si estas no se eliminan será imposible que mantengan un diálogo que les permita entender lo que se quieren decir. La información se mezclará y, al final, ni se escucharán, ni se entenderán. Eso mismo ocurre en la comunicación con nuestro interior: entre nuestros pensamientos y nuestros sentimientos hay interferencias que impiden que se entiendan unos con otros. Esta misma situación se puede extrapolar a la relación con los demás. Si no aprendemos a comunicarnos con nosotros mismos, ¿cómo podremos hacerlo con los otros?

En la medida en que vayamos realizando el ejercicio para conectar con nuestras sensaciones, seremos más conscientes de ellas. En primer lugar, lo vivimos en presente hasta ser capaces de situarnos en el momento preciso en el que ocurrió el hecho que nos marcó. Posteriormente, se va aprendiendo de los distintos centros básicos, para ir creando una conexión entre nuestro inconsciente y nuestro consciente a partir de las sensaciones de nuestro cuerpo.


Con amor, Lydia 💖✨


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