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  • Lydia Madero Alcantud

EJERCICIO PRÁCTICO: APRENDER A CONECTAR CON LOS SENTIMIENTOS



Para empezar a saber lo que sientes, te propongo un ejercicio sencillo.

Lo primero es buscar un momento y un lugar para relajarse y estar muy tranquilo.

Visualiza una situación que te haya ocurrido y te haya marcado. Recrea el ambiente, los colores que veías, los olores...


A continuación, recuérdate a ti mismo en esa situación y, sobre todo, rememora cómo te sentías.


Fíjate en qué te sucede en el estómago, el pecho, la garganta, y mira por dónde se mueven las sensaciones. Dedica el espacio y el tiempo suficientes para ver qué sentimientos surgen. Aunque al principio quizás el pensamiento lo invada todo, deja que surja el sentimiento por sí mismo.


Puedes poner la mano en una zona de tu cuerpo (el pecho, por ejemplo) para tomar conciencia de ella, o también puede hacerlo otra persona y que te diga lo que nota que sucede, cómo es tu respiración...

Cuando sientes, pueden ocurrir dos cosas:


1. Que el sentimiento sea adquirido.

2. Que sea real.


(El real es el que no tiene dependencias, surge del interior. El adquirido es el generado por ideas y conceptos que proceden del exterior pero que vivimos como si fueran propios. Esto ocurre cuando, por ejemplo, estamos en casa relajados, disfrutando de una buena tarde, nos sentamos en el sofá y vemos una película de terror, y empezamos a sentir inquietud, a asustarnos de los ruidos y mirar de reojo las sombras a nuestro alrededor porque sentimos que algo está ocurriendo... Esa sensación de miedo es provocada por la película, ya que hace un momento disfrutábamos de tranquilidad en casa. Por eso, es importante saber distinguir entre la emoción adquirida y la real. No es lo mismo sentir tristeza de repente, que haber tenido un pensamiento negativo y que nos inunde esa sensación de melancolía provocada.)


Si al efectuar el ejercicio, la respuesta es “no siento nada”, no hagas ningún esfuerzo por sentir, simplemente sé consciente de que estás en tu mente.

Queremos sentir con nuestros pensamientos y ¡eso no es posible! Tomemos conciencia de nuestras sensaciones en el pecho, sintamos la respiración y dejemos que surja en nuestro interior la sensación; sea la que sea, sin juzgarla, simplemente la disfrutamos, seguro que nos sorprende.

Para que este ejercicio sea eficaz es necesario que, durante todo el proceso, tomes conciencia de las sensaciones en las distintas fases: desde la emoción al sentimiento.


Después de tomar conciencia de las sensaciones y localizar la zona corporal de donde surgen, tienes que aprender a liberar esa carga física que se encuentra en tu interior a través de bostezos, temblores, eructos, escalofríos, llanto, gritos, risas...


Si no efectúas esa liberación de la carga emocional a través del cuerpo, puedes producir un efecto de presiones contrarias. La necesidad interna es inminente. Las emociones atrapadas quieren salir, como un gas menos pesado que el aire, el cual tiende a ir, por ejemplo, del estómago hacia la garganta y de ahí hacia afuera. Es necesario observar cuál es la zona física con más resistencias, con más congestión emocional.


Por ejemplo, la garganta es una zona relacionada con la expresión y la comunicación. Cualquier emoción o sentimiento que percibas se puede “atascar” en esa zona impidiendo su liberación y, en consecuencia, su aprendizaje. Esta observación te puede indicar que has aprendido a tragarte las cosas en lugar de expresarlas; incluso puedes notar la resistencia física al tragar o, en otros casos, la acción física de apretar, de contener, toser o carraspear. Donde sea que estemos, podemos ser conscientes si prestamos atención a la garganta, al pecho, al estómago...


Muchas respuestas serían más certeras si partiéramos de esas sensaciones. Especialmente cuando la sensación es de angustia, ayuda mucho conectar con el cuerpo y notar dónde se percibe.


Poco a poco, realizando este sencillo ejercicio, aprenderás a estar más conectado con tus emociones y sentimientos, a reconocerlos y a no asustarte de ellos. No hay que controlar nada, simplemente reconócelos y deja que tu cuerpo los exprese.




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